Contrações de entrenamiento: qué son, para qué sirven y cuándo surgen – Todo lo que debes saber
Las contracciones de entrenamiento o Braxton Hicks son un fenómeno común durante el embarazo. Estas contracciones, también conocidas como «contracciones falsas», suelen ocurrir después del segundo trimestre del embarazo y son más débiles que las contracciones verdaderas del parto. A diferencia de las contracciones reales, las contracciones de entrenamiento no causan dolor, no dilatan el útero y no tienen la fuerza suficiente para provocar el nacimiento del bebé.
Estas contracciones reciben su nombre en honor al médico inglés John Braxton Hicks, quien las describió por primera vez en 1872. Se caracterizan por ser irregulares y causar incomodidad en la región pélvica y en la espalda. Además, suelen alterar la forma del abdomen, haciéndolo más duro al tacto.
A pesar de que las contracciones de entrenamiento no son señal de que el parto está cercano, cumplen un propósito importante. Se cree que estas contracciones ayudan a centralizar el cuello del útero para que esté alineado con el canal vaginal, facilitando la salida del bebé durante el parto. También parecen ayudar a aumentar el flujo sanguíneo rico en oxígeno hacia la placenta, proporcionando los nutrientes necesarios al feto.
¿Cuándo comienzan las contracciones de entrenamiento?
Las contracciones de entrenamiento generalmente comienzan alrededor de las 6 semanas de embarazo, pero solo son identificadas por la gestante a partir de las 16 semanas, cuando el útero ya ha salido de la cavidad pélvica y se encuentra en el abdomen. A medida que avanza el embarazo, estas contracciones pueden volverse más frecuentes y notorias, especialmente hacia el tercer trimestre.

¿Qué hacer durante las contracciones de entrenamiento?
Durante las contracciones de entrenamiento no es necesario que la embarazada tome ninguna precaución especial, ya que no representan un riesgo para la madre ni para el bebé. Sin embargo, si causan mucha incomodidad, se recomienda que la gestante se acueste cómodamente con el apoyo de una almohada en la espalda y debajo de las rodillas, permaneciendo en esta posición durante algunos minutos. También se pueden utilizar otras técnicas de relajación como la meditación, el yoga o la aromaterapia, que ayudan a relajar la mente y el cuerpo.
¿Cuáles son las diferencias entre las contracciones de entrenamiento y las contracciones verdaderas?
Es importante saber distinguir entre las contracciones de entrenamiento y las contracciones verdaderas del parto. Las contracciones de entrenamiento son más irregulares, menos rítmicas y más débiles que las contracciones del parto. Por otro lado, las contracciones verdaderas generalmente comienzan a partir de las 37 semanas de gestación y son más regulares, rítmicas y fuertes.
Una de las principales diferencias entre ambos tipos de contracciones es el dolor. Mientras que las contracciones de entrenamiento causan solo incomodidad, las contracciones verdaderas están acompañadas de dolor moderado a fuerte. Además, las contracciones verdaderas no disminuyen con el reposo y aumentan en intensidad con el paso de las horas.
Otra diferencia importante es la frecuencia de las contracciones. Las contracciones de entrenamiento son irregulares y no ocurren más de 2 veces en un período de 1 hora, mientras que las contracciones del parto suelen ser más frecuentes y regulares. Además, las contracciones verdaderas pueden estar acompañadas de náuseas y vómitos, síntomas que no se presentan durante las contracciones de entrenamiento.
Factores que pueden aumentar las contracciones de entrenamiento
Existen algunos factores que pueden aumentar la frecuencia e intensidad de las contracciones de entrenamiento. Estos incluyen:
- Actividad física intensa.
- Dehidratación.
- Estar de pie durante períodos prolongados.
- Tener una vejiga llena.
- Estar emocionalmente estresada.
¿Cuándo contactar al médico durante las contracciones de entrenamiento?
Si bien las contracciones de entrenamiento son normales durante el embarazo, existen ciertos síntomas que pueden indicar que es necesario contactar al médico. Si las contracciones tienen intervalos regulares, aumentan en intensidad y causan dolor moderado, se recomienda llamar a la unidad de atención prenatal o ir a la unidad indicada para el parto, especialmente si la mujer tiene más de 34 semanas de embarazo. El médico podrá evaluar la situación y determinar si se trata de contracciones de entrenamiento normales o si se está iniciando el trabajo de parto.
Preguntas frecuentes
- ¿Las contracciones de entrenamiento pueden indicar que el parto está cerca?
Aunque las contracciones de entrenamiento son comunes en el tercer trimestre del embarazo, no indican necesariamente que el parto está cerca. Estas contracciones suelen ser más irregulares, menos rítmicas y más débiles que las contracciones verdaderas del parto.
- ¿Las contracciones de entrenamiento son dolorosas?
No, las contracciones de entrenamiento no son dolorosas, pero pueden causar incomodidad en la región pélvica y en la espalda.
- ¿Las contracciones de entrenamiento dilatan el cuello del útero?
No, las contracciones de entrenamiento no dilatan el cuello del útero. A diferencia de las contracciones del parto, que sí tienen el objetivo de dilatar el cuello del útero para permitir el paso del bebé.
- ¿Cuándo debo preocuparme por las contracciones de entrenamiento?
En general, las contracciones de entrenamiento no son motivo de preocupación. Sin embargo, si las contracciones son regulares, aumentan en intensidad y causan dolor moderado, es recomendable contactar al médico para descartar que se esté iniciando el trabajo de parto.
Conclusión:
Las contracciones de entrenamiento durante el embarazo son contracciones irregulares y menos fuertes que las contracciones del parto. Estas contracciones tienen como objetivo centralizar el cuello del útero para facilitar el parto y aumentar el flujo sanguíneo hacia la placenta. Si bien las contracciones de entrenamiento no requieren de cuidados especiales, es importante saber distinguirlas de las contracciones verdaderas del parto. Ante cualquier duda o preocupación, es recomendable contactar al médico para recibir una evaluación adecuada.
